jueves, 16 de julio de 2009

AL CHAPIN DANIEL PINEDA MANGAS

AL “CHAPIN” DANIEL IN MEMORIAN…

Al tope de una de las calles principales instalaron el Batallón.

Fue de ahí de donde lo vió salir la primera vez que tuvo una referencia directa de su persona.

Pocas personas no usaron el uniforme de las Milicias. Los “chocolitas”, les decía el pueblo siempre jodarrioso, so pena de caer preso. El sobrenombre de tan singular Cuerpo Militar era una forma de recordar una bebida tonificante, a base de leche y cocoa, que para esa época ya no se producía en el País.

Pie plano # 44. Pantalón verde olivo. Poco más de un metro setenta. Camisa color café claro. Caminar enérgico y nervioso.

A los pocos días, cuando apenas empezaba a transitar por las calles húmedas de su pueblo adoptivo; en la otra calle principal, en la del comercio; en un momento coyuntural de la historia política de nuestro País en el que la música testimonial predominaba en los diales nacionales y, en que los éxitos musicales internacionales, además de llegar retrasados, no era posible disfrutarlos por el ambiente bélico que invadía a la Patria; reconoció al Señor que vió salir del Batallón.

Sentado en una silla mecedora bajo el dintel de la puerta principal de su casa escuchaba desafiante una de esas Sinfonías que sólo a quienes aman realmente la música, les gusta. Chopin, Mozart, Vivaldi…uno de esos genios.

A los pocos días supo que era Poeta. Le dijeron que escribía a los Héroes, a la Patria desangrada por sus mejores hijos, a la Jinotega que en sus montañas ya no producía café sino, sangre, dolor, lágrimas. Olor a pólvora y a muerte.

Decíase Dariano hasta la médula y, con cierta arrogancia citaba a los grandes pensadores europeos, principalmente franceses.

A diferencia de muchos contemporáneos, no se dejaba invadir por la vanguardia literaria instituida en la Tierra de Lagos y Volcanes. También decían que era loco.

Era el único libre pensador jinotegano que escribía igual en un escritorio como sobre sus piernas, en una banca del Parque Central o en la Oficina de algún Abogado amigo suyo; el de impecable blanco o el de cabello abrillantinado, cuando el numen tomaba posesión de su privilegiado cerebro.

El Dios Todopoderoso, el sol, la luna, el mar, las montañas jinoteganas, los grandes Próceres, las bellas mujeres, la mentira, el Curandero mal hablado y sanador, la traición, el amor, los ilustres de la Ciudad Eterna, la Doña mexicana recién fallecida. Todo y todos conocían la bondad de su genio.

Incluso, los que ya no están con nosotros. A pulmón partido les da el último adiós. En alguna pesadilla o alguna visión, García Sarmiento le dijo que él era el Poeta del Rey Burgués…

Vinieron nuevos tiempos. Tantos calendarios como lunas. Una chocolita cuesta ahora un córdoba. Los de siempre aún no conocen su sabor porque no pueden comprarla. No la añoran. La desean. Muy pocos recuerdan aquellos uniformes tristes que algunos vistieron con orgullo, como él; otros con asco y horror. El Batallón ya no es. La casa conserva aún un poco de pintura verde-militar-oscuro-tenebroso; está en proceso de caer desplomada como la de los Buendía en el último día del año cien.

El dintel de la puerta principal de su casa, eternamente limpia y bien cuidada, sigue siendo el lugar preferido para escuchar a los inmortales genios de la música universal.

El Poeta ha producido decenas, centenas, miles de poemas inéditos, que muchos seguramente, cuando aborde la Barca, se disputarán. Tal cual ocurre como siempre con los grandes.

Ha recopilado más de cuatrocientas biografías de los personajes pintorescos de Xinotencatl. Diserta con aplomo en las ondas hertzianas. Colabora con todo aquel alumno que así se lo solicita. Saluda al lustrador y, al eminente profesional. Se dice revolucionario. Ha estado hospitalizado. Aun escribe. El tiempo pasa…

Un joven cantautor de estas tierras le dedicó un estribillo que para la generación jinotegana del Siglo XXI será la única referencia del Poeta gritón y diabético de quién no podremos librarnos jamás. Tan grande como La Peña de la Cruz y tan jinotegano como “Nando”…así es Don Daniel Pineda Mangas; el “Chapín” Daniel.

Nota del Autor: Esta semblanza fue escrita en el año 2004, en vida del “Chapín” tal y como debe ser con nuestros personajes y, no ha sido modificada.

Lic. Aníbal Zamora-Flores

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